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¿Cómo nos ven y cómo nos vemos?

Creemos que nos conocemos, que sabemos de nuestras virtudes y defectos, que sabemos de la imagen que tenemos y que damos. Sin embargo lo que no sabemos es que nuestra imagen es proyectada a los demás de forma diferente a como creemos imaginar.





Para saber cuál es nuestra imagen proyectada, basta con cotejar, a través de nuestras preguntas a los demás. Sería igual que sí nos mirásemos en diferentes espejos para vernos. También valdría con hacer caso a los comentarios que nos dicen, tanto los de buena fe, como los de aquellos que pretenden incomodarnos. En todo caso, todos son un regalo que nos hacen.

¿Y qué pasaría si nadie nos diese feedback, si nadie dijese nada de nosotros? Sería como si no existiésemos y eso sería peor. Nos sentaríamos fatal, porque necesitamos reconocimiento, necesitamos del contacto de los demás. Somos seres sociales y sociables, con creencias y valores. Necesitamos relacionarnos con otros, tener referencias, saber que formamos parte de un contexto. Necesitamos sentirnos parte del todo y, como tal, comentar y ser comentados.
Nuestra forma de ser, nuestro comportamiento, se debe en gran medida a la forma en la que nos expresamos, en la que utilizamos el lenguaje como herramienta de relación. Si quieres saber qué imagen proyectas sobre alguna persona, pídele que te diga qué ve. Acepta lo que te exponga, reflexiona sobre lo que te exprese. Y si consideras que no tiene nada que ver con la “realidad”, pregúntate qué has podido hacer, o de qué forma te has expresado para dar esa imagen tan distinta a la que tú te habías formado.

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