A veces, haces todo lo que está en tu mano para conseguir un objetivo, un sueño. Te organizas, lo visualizas, das pasos. Y aun así… no lo consigues. El objetivo sigue ahí, intacto, como si no te reconociera. Es cuando se empodera de ti la frustración.
¿Te ha pasado?
Quiero decirte algo importante: nos pasa a todos. A todos¡. No lograrlo no significa haber fracasado, sino que significa que estás en el camino. Que estás probando. Que estás aprendiendo. A veces la vida te está preparando para algo más grande, más alineado contigo. O simplemente, te está diciendo: ajusta la estrategia, no el sueño. Normalmente en nuestra mente trazamos una línea recta para llegar a alcanzarlo, pero no siempre es la línea más corta, sino la que sobrepasa más dificultades. Eso va acompañado de un aprendizaje.
Así que no te castigues. No te compares. No abandones. Sigue esforzándote y observando tu objetivo desde otras perspectivas. Solo detente, respira y pregúntate: ¿Qué puedo hacer distinto esta vez, con lo que ahora sé? Y desde ahí, empieza de nuevo.




